Hace varios meses que me ronda la idea de tatuarme y la semana que pasó lo hice: un árbol de la vida en la espalda y una runa en la muñeca. Aunque parezca una idea loca, producto de una crisis prematura de la mediana edad, fue una decisión muy bien pensada porque así deben ser las decisiones que te van a afectar toda la vida. Mis tatuajes son, ahora, lo único permanente que tengo hasta el momento, lo único que estoy segura de que me durará toda la vida. Porque, al fin y al cabo, en este devenir que es la vida me voy dando cuenta de que las cosas no son permanentes. De hecho, a mí no me gusta lo permanente, cada vez me descubro como una mujer más de alas que de anclas; huyo de las anclas, de todo aquello que pueda significar quedarse y prometerse un para siempre, quizá por eso (o, mejor dicho, por eso) no trabajo para nadie, ni me he comprado una casa, ni un perro, ni sueño con tener un hijo o un marido. Pero en el caso de la decisión de tatuarme, lo permanente fue bien pensado, porque están ahí para recordarme cosas: por un lado mis raíces y mis alas, y por el otro, la importancia de ser paciente y entender que todas las cosas, todas, llegan a su debido momento.
Pero cuando pienso en mis tatuajes, estos que tendré en la piel toda la vida, también pienso en aquellos que se quedan en el alma, en todas esas cosas que se quedan grabadas con tinta y que nunca nunca se van. Esos tatuajes que nos duelen y que también nos potencian, esos que son la marca indeleble de nuestras luchas y de nuestros sueños, de nuestros amores y de nuestros fracasos, de nuestras esperanzas y nuestras proyecciones. De esos tatuajes tengo bastantes y todos están ahí como testimonio de lo que soy y lo que me configura. No sé si me llene la piel de tatuajes, pero sé que el alma se seguirá llenando, sé que dolerán y harán cosquillas, y tendré que cuidarlos para que no se infecten, y tal vez me arrepentiré, pero, al final, quedarán ahí como trofeos de guerra que me recordarán que las alas están ahí, preparadas siempre para vivir nuevas vidas.
Un cuaderno de viaje. He tomado mi sombrero y he decidido nunca más quedarme quieta.
domingo
lunes
Olivia is back
Vuelvo a Olivia como quien se da una vuelta. Han pasado ocho años desde que empecé a escribir este blog y ha pasado mucho tiempo desde que lo abandoné. Como siempre, no es que no tuviera nada que decir, solo que no salen las palabras, o me olvido, o me da pereza o no le encuentro sentido a todo esto. Hace poco encontré mis viejos diarios, los de hace 20, 10, 5 años, y es curioso eso de leerte a la distancia, de entenderte a la distancia y de ver que la vida al final ha pasado y, sí, pese a los altibajos y cierta soledad constante, ha sido muy buena.
Varias veces, al leer mis diarios, sobre todo el que llevaba hace un poco más de 10 años, cuando se acabó mi primera vida, me dio ganas de retroceder en el tiempo y abrazarme largamente, bueno, abrazar a la Olivia de 24 años, y decirle/decirme que todo va a estar bien, que ese dolor no es el fin del mundo, que podré superarlo y eso me hará sentir orgullosa. Claro, si tuviera ese don tal vez la Olivia de 24 años actuaría diferente y ya no sería yo. En fin, divago.
Ahora tengo 37 años, no sé si debería decir que sigo soltera, porque tal vez eso no me resulta tan relevante, pero, sí, sigo soltera y este estado parece haberse vuelto una constante en mi vida. Hace un año decidí pasar un año de celibato voluntario, es decir, no salir con nadie, no acostarme con nadie, no besar a nadie. Puede parecer una locura, sobre todo a mi edad, en la que más bien la prisa es la que manda porque, horror de horrores, puede irse el tren. Pero lo superé y fue bueno, fue un tiempo para limpiarme, para desintoxicarme, para conocerme mejor, para aprender a estar sola más de lo que ya había aprendido a la fuerza.
Fue una buena decisión, pero ahora me siento un poco a la deriva, sí, un poco perdida en todo esto, no sé, creo que nunca dejaré de sentirme perdida. Lo que me consuela es que en 5, 10 o 20 años volveré a leer a Olivia y pensaré en venir, abrazarla/abrazarme, y decirle/decirme que todo estará bien, que estos no son más que estados del alma y que todo, todo se supera tarde o temprano.
Varias veces, al leer mis diarios, sobre todo el que llevaba hace un poco más de 10 años, cuando se acabó mi primera vida, me dio ganas de retroceder en el tiempo y abrazarme largamente, bueno, abrazar a la Olivia de 24 años, y decirle/decirme que todo va a estar bien, que ese dolor no es el fin del mundo, que podré superarlo y eso me hará sentir orgullosa. Claro, si tuviera ese don tal vez la Olivia de 24 años actuaría diferente y ya no sería yo. En fin, divago.
Ahora tengo 37 años, no sé si debería decir que sigo soltera, porque tal vez eso no me resulta tan relevante, pero, sí, sigo soltera y este estado parece haberse vuelto una constante en mi vida. Hace un año decidí pasar un año de celibato voluntario, es decir, no salir con nadie, no acostarme con nadie, no besar a nadie. Puede parecer una locura, sobre todo a mi edad, en la que más bien la prisa es la que manda porque, horror de horrores, puede irse el tren. Pero lo superé y fue bueno, fue un tiempo para limpiarme, para desintoxicarme, para conocerme mejor, para aprender a estar sola más de lo que ya había aprendido a la fuerza.
Fue una buena decisión, pero ahora me siento un poco a la deriva, sí, un poco perdida en todo esto, no sé, creo que nunca dejaré de sentirme perdida. Lo que me consuela es que en 5, 10 o 20 años volveré a leer a Olivia y pensaré en venir, abrazarla/abrazarme, y decirle/decirme que todo estará bien, que estos no son más que estados del alma y que todo, todo se supera tarde o temprano.
sábado
36
La verdad es que no quiero cumplir 36. Se me hacen muchos muchos años, y sí, sé que estoy joven, pero siento que por primera vez en mis 36 años la edad me pesa. Drama Queen for ever.
Pero aparte de esta extraña sensación de sentir que tengo muchos años, vamos a la evaluación de este año. Ha sido un año muy bueno, muy intenso, demasiado intenso, indescifrable, aún no me doy cuenta de la magnitud del significado de este año para mí. 2013 ha sido el año del viaje, de un viaje largo, muy adentro de mí, muy muy adentro.
Diosito, que es tan bueno y tan generoso, me regaló en abril tres semanas a solas en el paraíso. Tres semanas en Galápagos, sola, que fueron para mí un inmenso regalo. Ese viaje me cambió la vida y me cambió las perspectivas de muchas cosas. Fue un viaje de limpieza, de vaciamiento, en el que tuve la oportunidad de dejar muchas cosas, de renovarme, de volver a mí, aunque lo chistoso de todo esto es qeu no volví a mí, volví a otra, muy distinta, no sé si más grande o más madura, pero muy distinta. Estoy viendo la vida con otros ojos y eso, debo confesar, me alucina pero también me asusta. Ese viaje al paraíso fue el mejor regalo qeu he recibido en mi vida, en serio, porque pasaron tantas cosas adentro, tantas.
Y, bueno, vacía volví. Volví a mi vida, volví a mis cosas y los regalos se fueron repitiendo. Este ha sido un año de sueños cumplidos, de planes realizados, de un aprendizaje constante y vertiginoso. Aparte de mi viaje al paraíso hice muchos otros viajes, he viajado más que en todos los años, he viajado mucho, y ninguno de mis viajes estaba en mis planes hace un año. Esto también es una muestra de lo impredecible que puede ser la voluntad de Dios y lo perfecta que es. Cada viaje que hice fue muy especial para mí, he viajado sola, con amigos, en familia y cada experiencia ha sido única y maravillosa. He conocido mucha gente interesante, me he encontrado con muchos amigos que no veía hace tiempos, he visto cosas hermosas y he besado, al menos he tratado, el corazón de muchas cosas.
En lo profesional también ha sido un año muy muy bueno, de mucha cosecha, un año para darme cuenta de que si se hacen bien las cosas no debo temer porque todo fluye. Diosito me ha regalado muchas oportunidades, una de ellas de mis más ansiadas. Empecé con mi empresa y todo está caminado, este es un tiempo de siembra. No debo conformarme solo con cosechar. Una vez cosechada, la tierra necesita ser sembrada de nuevo.
En el amor, ha sido un año de absoluta calma, de calma chicha. No he conocido a nadie, no he vivido casi nada, es parte, creo yo, de este vaciamiento. Diosito, estoy segura, guarda el vino bueno para el final de la fiesta.
Eso, siento que hay mucho que hacer todavía. Que mi vida sigue sigue y sigue. Estoy un poco cansada, me siento un poco sola, pero sé que todo esto es parte del proceso, es para algo, para que aprenda a valorar y apreciar cada uno de los regalos.
Cierto, este año estuve por primera vez en la vida en la clínica. Y tuve que estar varios días de reposo donde mis papis. Fue una prueba de lo vulnerable que soy, de que no puedo creerme más que otros, porque al fin soy un humano, y fue también una manera de aterrizar, literalmente.Vivir con mis papis también fue interesante, valoré mucho el poder estar con ellos y tenerles en mi vida.
En fin, este comienzo de año me resulta raro, muy raro, sobre todo porque siento que no comienza nada, sino qeu todo sigue, que la vida está ahí, para ser vivida y que debo aprovechar cada instante. Carpe diem, y feliz camino.
Pero aparte de esta extraña sensación de sentir que tengo muchos años, vamos a la evaluación de este año. Ha sido un año muy bueno, muy intenso, demasiado intenso, indescifrable, aún no me doy cuenta de la magnitud del significado de este año para mí. 2013 ha sido el año del viaje, de un viaje largo, muy adentro de mí, muy muy adentro.
Diosito, que es tan bueno y tan generoso, me regaló en abril tres semanas a solas en el paraíso. Tres semanas en Galápagos, sola, que fueron para mí un inmenso regalo. Ese viaje me cambió la vida y me cambió las perspectivas de muchas cosas. Fue un viaje de limpieza, de vaciamiento, en el que tuve la oportunidad de dejar muchas cosas, de renovarme, de volver a mí, aunque lo chistoso de todo esto es qeu no volví a mí, volví a otra, muy distinta, no sé si más grande o más madura, pero muy distinta. Estoy viendo la vida con otros ojos y eso, debo confesar, me alucina pero también me asusta. Ese viaje al paraíso fue el mejor regalo qeu he recibido en mi vida, en serio, porque pasaron tantas cosas adentro, tantas.
Y, bueno, vacía volví. Volví a mi vida, volví a mis cosas y los regalos se fueron repitiendo. Este ha sido un año de sueños cumplidos, de planes realizados, de un aprendizaje constante y vertiginoso. Aparte de mi viaje al paraíso hice muchos otros viajes, he viajado más que en todos los años, he viajado mucho, y ninguno de mis viajes estaba en mis planes hace un año. Esto también es una muestra de lo impredecible que puede ser la voluntad de Dios y lo perfecta que es. Cada viaje que hice fue muy especial para mí, he viajado sola, con amigos, en familia y cada experiencia ha sido única y maravillosa. He conocido mucha gente interesante, me he encontrado con muchos amigos que no veía hace tiempos, he visto cosas hermosas y he besado, al menos he tratado, el corazón de muchas cosas.
En lo profesional también ha sido un año muy muy bueno, de mucha cosecha, un año para darme cuenta de que si se hacen bien las cosas no debo temer porque todo fluye. Diosito me ha regalado muchas oportunidades, una de ellas de mis más ansiadas. Empecé con mi empresa y todo está caminado, este es un tiempo de siembra. No debo conformarme solo con cosechar. Una vez cosechada, la tierra necesita ser sembrada de nuevo.
En el amor, ha sido un año de absoluta calma, de calma chicha. No he conocido a nadie, no he vivido casi nada, es parte, creo yo, de este vaciamiento. Diosito, estoy segura, guarda el vino bueno para el final de la fiesta.
Eso, siento que hay mucho que hacer todavía. Que mi vida sigue sigue y sigue. Estoy un poco cansada, me siento un poco sola, pero sé que todo esto es parte del proceso, es para algo, para que aprenda a valorar y apreciar cada uno de los regalos.
Cierto, este año estuve por primera vez en la vida en la clínica. Y tuve que estar varios días de reposo donde mis papis. Fue una prueba de lo vulnerable que soy, de que no puedo creerme más que otros, porque al fin soy un humano, y fue también una manera de aterrizar, literalmente.Vivir con mis papis también fue interesante, valoré mucho el poder estar con ellos y tenerles en mi vida.
En fin, este comienzo de año me resulta raro, muy raro, sobre todo porque siento que no comienza nada, sino qeu todo sigue, que la vida está ahí, para ser vivida y que debo aprovechar cada instante. Carpe diem, y feliz camino.
jueves
35
Sí, 35,
ya casi es 11 de enero y entraré definitivamente en la adultez, ya no seré más
un adulto joven sino un adulto a secas, auch. Y. como todos los años, esta es
la fecha de mi evaluación de año nuevo.
El 2012 fue un año espectacular, de los mejores que he
tenido, bisiesto, feliz, tranquilo, lleno de sorpresas gratas y aprendizajes.
Si bien empecé un poco con los rezagos del mal año anterior, poco a poco las
cosas fueron encontrando su sitio. Pasaron muchas cosas y tan rápido que a
veces no logro recordarlas. o no puedo creer que hayan sucedido, en fin.
En cuanto a lo profesional, fue un año muy bueno. Escribí
mi primer diccionario, y creo que es la mejor de todas las experiencias
laborales del año. Me costó mucho, fue duro y largo, pero nació y además creo
que es un producto de gran ayuda para el mundo. Orgullo total. También empecé a
publicar mi columna semanal en un periódico, ya lleva nueve meses y sigue en
pie. Orgullo total también. Creé una asociación, que espero que dé muchos
frutos. Participé en un congreso internacional representando a mi país.
Conseguí un nuevo trabajo en una universidad hermosa, donde me pagan bien y
valoran mi esfuerzo. Me he consolidado en mis otros empleos. La semana que viene
empiezo un nuevo reto. He visto cómo este año muchas cosas se han dado muy bien
en el aspecto profesional. He rechazado trabajos también porque si he algo he
aprendido este año es a valorarme y darme la importancia que me merezco. En
fin, ha sido un año muy bueno, de mucho crecimiento, de mucho esfuerzo y de
buena cosecha, espero que también de buena siembra.
En el aspecto emocional, si bien no llegó el hombre bueno
que pedí, me he sentido muy bien. Este año, como dije, he aprendido a quererme
y valorarme. Ha sido un año de mucha introspección, de pensar mucho sobre mi
comportamiento, de pensar mucho en mí, de mirar para adentro y aprender, he
aprendido mucho. Ahora me siento una mujer más libre, más independiente, más
feliz. Ha habido altibajos, como en todo, no voy a negar que no me han afectado
los matrimonios de mis hermanos, pero creo que precisamente este crecimiento
que he emprendido me ha hecho ver con menos drama las cosas. Eso es, he
aprendido este año a bajar los niveles de drama, no lo logro de todo, soy una
capricornio al fin y al cabo, pero creo que voy aprendiendo a darles a las
cosas su justo valor, a no ahogarme en vasos de agua sino a vivir y vivir bien,
con ganas. Tanto, que siento que no me hace falta tener a alguien a mi lado
para ser feliz, lo quiero, sí, lo anhelo, lo añoro, pero sé que no es a
felicidad, sé que no llegará sino hasta que esté preparada y sé también que no
me voy a sentar a esperarlo, que los momentos de Dios son perfectos, así que no
me apuro, no me apuro.
¿Qué más? Me cambié de casa a un depar hermoso que me
encanta y en el que me siento muy cómoda y tranquila, viajé dos veces, conocí
lugares espectaculares y he conocido a mucha gente interesante.
He fortalecido mis amistades y me siento feliz por eso,
porque no tengo muchos amigos cercanos, pero sé que los que están son los
buenos, los que valen la pena en este momento del camino, porque he aprendido a
darme cuenta también que nada es eterno, y precisamente por esto debemos
aprovechar lo que tenemos cuando lo tenemos.
Otra cosa que me ha ayudado mucho este año es que he
sentido que he vuelto a Diosito, he vuelto de una manera más madura, más
sincera y eso ha sido el mayor apoyo para sentirme como me siento.
Eso, creo que este año va a marcar en muchos aspectos un
antes y un después, ya lo he dicho: es la tercera vida de la princesa gato.
Siento que ha sido un año de paz, de aprender, de pensar, de reconocerme y de
amarme. Me siento más fuerte, más grande, más adulta y no quiero quedarme en
esta sensación, quiero seguir creciendo. Después de un año tan bueno, el reto
es más grande, es hacer que este año sea mucho mejor, sea la cristalización de
muchos sueños, de muchas cosas que he construido, quiero ser feliz, quiero
seguir creciendo, quiero amar también y tener mucha fe para dejar todo en manos
de Dios.
Eso, estoy segura de que este año también va a ser bueno,
sobre todo porque sé que puedo hacer mucho para que sea así. Solo estoy
agradecida... que viva la adultez.
miércoles
martes
Bodas y promesas
Resulta que en menos de un año se casan mis dos hermanos, yo soy la mayor de los tres. No es esta una entrada de queja ni de lamentaciones, ya tuve dos días para eso, sí solo dos, que fue lo que me duró la depresión 'porque ellos se casan y yo no'. No voy a negar que es raro esto de tener ya casi 35 y ver que mis pequeños empiezan a hacer sus vidas y yo sigo aquí, del otro lado, todavía confiando en las promesas del universo.
Pero hace unos meses, cuando pidieron la mano de mi hermana 'chiquita', me di cuenta de que en realidad no hay una fórmula para nada. Las historias de mis hermanos son diametralmente opuestas: mi hermano estuvo enamorado de mi cuñada a la distancia nada menos que ocho años hasta que al fin decidieron casarse, eso fue hace cuatro y de estos cuatro años, digamos que han estado unos dos juntos, porque ella no es de aquí. Pero como siempre el universo confabula para que seamos felices, el fin de semana que pasó al fin se casaron el eclesiástico, mi hermano viene en una semana y mi cuñada talvez cuando se acabe el año. Es extraño, pero es su forma de amar, es su forma de corroborar que lo que parece imposible a la vista de cualquiera es posible para Dios o el cosmos o la vida o el azar o como quiera que decidamos llamarlo.
La historia de mi hermana es corta y ordenada: se conocieron, se enamoraron, se comprometieron, compraron una casa, ya mismo se casan el civil, el eclesiástico será glamuroso, hermoso, en fin, todo bien, sin complicaciones ni esperas. No hay una fórmula, a unos les tocan los caminos cortos y a otros los largos, a unos los más rectos y a otros los más sinuosos, todo depende de la cantidad de cosas que debamos aprender hasta que al fin podamos encontrar eso que tanto buscamos.
Yo no sé cuál sea la fórmula que le calce a Olivia, solo sé que el universo también confabula por mí y que las promesas se cumplen, y que el rato menos pensado estaré contando en el blog otras historias y dando otros anuncios, no lo sé, solo sé que mientras tanto debo ocuparme de las cosas que están en mis manos, como iluminar mi camino, iluminarme...
Pero hace unos meses, cuando pidieron la mano de mi hermana 'chiquita', me di cuenta de que en realidad no hay una fórmula para nada. Las historias de mis hermanos son diametralmente opuestas: mi hermano estuvo enamorado de mi cuñada a la distancia nada menos que ocho años hasta que al fin decidieron casarse, eso fue hace cuatro y de estos cuatro años, digamos que han estado unos dos juntos, porque ella no es de aquí. Pero como siempre el universo confabula para que seamos felices, el fin de semana que pasó al fin se casaron el eclesiástico, mi hermano viene en una semana y mi cuñada talvez cuando se acabe el año. Es extraño, pero es su forma de amar, es su forma de corroborar que lo que parece imposible a la vista de cualquiera es posible para Dios o el cosmos o la vida o el azar o como quiera que decidamos llamarlo.
La historia de mi hermana es corta y ordenada: se conocieron, se enamoraron, se comprometieron, compraron una casa, ya mismo se casan el civil, el eclesiástico será glamuroso, hermoso, en fin, todo bien, sin complicaciones ni esperas. No hay una fórmula, a unos les tocan los caminos cortos y a otros los largos, a unos los más rectos y a otros los más sinuosos, todo depende de la cantidad de cosas que debamos aprender hasta que al fin podamos encontrar eso que tanto buscamos.
Yo no sé cuál sea la fórmula que le calce a Olivia, solo sé que el universo también confabula por mí y que las promesas se cumplen, y que el rato menos pensado estaré contando en el blog otras historias y dando otros anuncios, no lo sé, solo sé que mientras tanto debo ocuparme de las cosas que están en mis manos, como iluminar mi camino, iluminarme...
jueves
La tercera vida de la Princesa Gato
Resulta que en durante su corta existencia, Olivia, de ahora en adelante la Princesa Gato, ha muerto ya dos veces. La primera fue como hace diez años, cuando ese novio con el que se iba a casar terminó casándose con otra. Puñalada en la espalda, otra certera en el corazón y, bum, se terminó la primera vida de Olivia. Tocó reconstruir absolutamente todo y todo es todo. Tocó recoger una por una las trizas y reconstruir a Olivia, y en este caso la segunda versión fue mucho mejor que la primera. La segunda Olivia nació más fuerte, más independiente, más decidida. En su segunda vida, Olivia hizo muchas cosas que siempre quiso: estudió, viajó, se independizó, se acostó con quien le dio la gana, amó, desamó, conoció a otro hombre maravilloso (PJ, por supuesto), se dio contra el piso, pero no murió. La muerte de la segunda Olivia fue diez años después de la primera, fue una muerte lenta y dolorosa, en la que fue cómplice y víctima, vino con ese tipo del que ni siquiera vale la pena acordarse. Olivia murió desangrada, dolida, flagelándose de la culpa por haberse dejado matar. Pero Olivia, siguiendo su vocación de gato, volvió a recoger las trizas, las botó a la basura y se reconstruyó solita. Y es ahí donde está la Princesa Gato: en plena reconstrucción, creando una tercera versión mucho más fuerte que las dos anteriores, rehaciéndose, rearmándose, reconociéndose. Y esta reconstrucción, mucho más consciente que las otras dos, sana a medida que avanza, se fortalece, alegra. No sé cuánto dure esta tercera vida, pero sé que será mucho más rica, pues no solo me siento más fuerte, sino que me siento más sabia, más centrada, más feliz con mi vida y mi persona. En fin, al final todo tiene su recompensa y estoy segura de que los frutos van a verse pronto, no sé si salgan de uno en uno o en racimos, pero veo venir la cosecha. Salud por la Princesa Gato.
martes
Cambios, comienzos, decisiones
Ya dije que esta es una etapa de cambios, de cambios históricos diría yo, de cambio de vida, de piel, de alma, de look, de casa, de todo. Pero por eso mismo, por todo este cambio, estoy un poco asustada, confiada también pero asustada. En este tiempo ha aprendido mucho, de hecho, podría ponerme ahorita mismo a escribir un libro de autoayuda con todo lo que he aprendido y sé y domino en teoría, pero viene ese miedito de no estar preparada en la vida real para enfrentar las cosas que se vienen. Me siento preparada para cualquier cosa, sé que estoy más grande, siento que he madurado mucho en este tiempo, que cosas que antes me deprimían ahora ya no me importan, que estoy aprendiendo a ver el vaso lleno y que eso me hace feliz. De hecho, cada vez que me levanto siento una extraña alegría que no sentía hace tiempos y me pongo a pensar en lo fácil que es ser feliz. Pero a ratos, como ahora, me ahuevo, tengo miedito de tomar bien las decisiones que debo tomar. Ahora debo tomar una, en apariencia fácil, pero me surge la duda de si de verdad estaré preparada para afrontar ciertas cosas que implica, si de verdad he madurado tanto como para tomar las coincidencias como simples circunstancias o si me estoy engañando. Pero por otro lado me digo que la mejor manera de probar si la teoría ha sido asimilada es saltar al ruedo y agarrar al toro por los cuernos, que si me hiere es parte del aprendizaje, que si me hiero también será parte de este aprendizaje. En fin, sé que ahora tengo más armas para enfrentar todo, sé, sobre todo, todo lo que he aprendido a quererme y a respetarme, sé que soy mucho más luminosa que cuando morí por segunda vez, sé muchas cosas, pero me asusta no estar preparada. A veces quisiera que en sueños se me aparecieran los ángeles y me dieran las respuestas a todas mis dudas, no sé saber interpretar los signos de los tiempos para encontrar mi respuesta. En fin, que sea lo que Diosito quiera, que si Él me ha traído hasta aquí y me ha facilitado las cosas sea porque Él mismo me va a guiar en el camino. Amén.
domingo
De procesos y caminos largos
Para variar, hace tiempos que no escribo. La verdad estoy metida en un proceso extraño, rico, maravilloso, pero muy extraño para mí: el proceso de quererme como me merezco que me quieran. Estoy haciendo varias cosas que implican salir de la zona de confort y eso a veces asusta, pero también emociona, es como explorar esos caminos vírgenes a los que uno no se mete por miedo a las bestias. Mi zona de confort siempre ha sido la moreliada, me acostumbré demasiado a quejarme por absolutamente todo, a ver el vaso medio vacío, si no vacío del todo, todas las veces. Me acostumbré a ser la pobrecita de mí porque esa era la manera de conseguir cariño,. o al menos eso creía mi inconsciente. Sin embargo, todo este comportamiento solo ha logrado con el tiempo alejarme de mucha gente (lógico, todo el mundo tiene sus complicaciones como para escuchar las complicaciones, a veces inventadas, de otros) y no solo del resto de gente, sino alejarme de mí.
Y resulta que salir de esa zona de confort, tan absurda, pero de cierto modo cómoda, no es tan fácil. Dejar los comportamientos a los que te has acostumbrado toda la vida no es sencillo porque están arraigados en ti, es como si una pensara que ser así es la única manera de sobrevivir. Y resulta que no, que una no está aquí para sobrevivir sino para vivir, para querer, para ser querida, para gritar y bailar y aprender, sobre todo para aprender. Estoy tratando, como decía de ver el vaso medio lleno, de dejar la moreliada, de aprender a estar conmigo, a quererme, a cuidarme. Me veo a veces como una niña chiquita que necesita todos mis cuidados, como alguien a quien tengo que enseñar a crecer y a prepararse para el mundo. Talvez empezar este proceso a los 34 parezca un poco extemporáneo, pero no lo es, hay que empezar en algún momento y qué mejor momento que ahora.
Alguna vez, en algún post, hablé de los caminos largos, de que a mí siempre me han tocado caminos largos en lugar de caminos cortos, y de que son una prueba para mi impaciencia, pues este proceso es un camino largo, pero en este camino largo debo aprender a caminar, a ver el paisaje, a quererme mucho como me merezco que me quieran, nadie va a llegar a mi vida a llenar espacios que yo misma no me puedo llenar, no puedo darle a nadie ni exigir de nadie lo que no tengo, tengo que iluminar mu camino, y aunque el proceso sea largo debo enfocarme en ese vaso lleno.
Y eso, divagando ando.
Y resulta que salir de esa zona de confort, tan absurda, pero de cierto modo cómoda, no es tan fácil. Dejar los comportamientos a los que te has acostumbrado toda la vida no es sencillo porque están arraigados en ti, es como si una pensara que ser así es la única manera de sobrevivir. Y resulta que no, que una no está aquí para sobrevivir sino para vivir, para querer, para ser querida, para gritar y bailar y aprender, sobre todo para aprender. Estoy tratando, como decía de ver el vaso medio lleno, de dejar la moreliada, de aprender a estar conmigo, a quererme, a cuidarme. Me veo a veces como una niña chiquita que necesita todos mis cuidados, como alguien a quien tengo que enseñar a crecer y a prepararse para el mundo. Talvez empezar este proceso a los 34 parezca un poco extemporáneo, pero no lo es, hay que empezar en algún momento y qué mejor momento que ahora.
Alguna vez, en algún post, hablé de los caminos largos, de que a mí siempre me han tocado caminos largos en lugar de caminos cortos, y de que son una prueba para mi impaciencia, pues este proceso es un camino largo, pero en este camino largo debo aprender a caminar, a ver el paisaje, a quererme mucho como me merezco que me quieran, nadie va a llegar a mi vida a llenar espacios que yo misma no me puedo llenar, no puedo darle a nadie ni exigir de nadie lo que no tengo, tengo que iluminar mu camino, y aunque el proceso sea largo debo enfocarme en ese vaso lleno.
Y eso, divagando ando.
viernes
Mira tú
Pues que no me había percatado de que el 9 de abril Ante todo el glamour cumplió cinco años, eso es mucho, mucho tiempo. Otra razón para celebrar el vaso medio lleno.
Consolación
Hace tiempos que no escribo, pasa con frecuencia. Es como si las palabras fueran un poco reacias a venir a mí, y eso que son mi mundo, mi trabajo, mi relax, todo. Han pasado más de cuatro meses desde que escribí el último post. No ha pasado mucho, en realidad. En el campo donde hay novedades, como siempre, es en el profesional. Estoy contenta con todo lo que pasa, están saliendo trámites que parecían estancados, uno de los legados que voy a dejarle a la vida está casi listo, terminé de escribir mi primer diccionario, a partir del domingo sale mi columna semanal en una revista cultural, en fin, todo sale bien y estoy contenta. Es, como siempre, el premio al trabajo duro, a las metas claras, al enfoque.
En el resto, todo bien, muchas gracias :-) Estos tiempos han sido buenos también para crecer por dentro, para interiorizar en muchas cosas, para entenderme.
No canto victoria, por supuesto, ni en lo profesional ni en lo personal, porque sé que aún quedan muchas batallas, pero aprender y comprender tantas cosas me ha ayudado mucho a saber que todo es pasajero y que siempre vendrán otros tiempos. La clave es bajarle el drama a la vida y aprovecharla porque es corta y vale la pena sacarle el jugo.
Eso, que vivan los vasos medio llenos.
martes
Olivia 3.4 reloaded
Ya es 11 de enero, y empieza el año nuevamente, acabo de quemar un pequeño monigote que tenía escrito todo lo que quiero quemar para este año, la casa huele a humo pero me siento muy bien.
El año que pasó fue un año definitivamente malo, malísimo, asqueroso, creo que pocas veces en la vida me he sentido tan deprimida como me sentí buena parte de este año que pasó. Pero ya pasó, ya es un nuevo año y espero que este sea mucho mejor, bueno, no solo espero, estoy muy segura de que va a ser así.
¿Evaluación del año? Malo, ya lo dije. Pasé gran parte flagelándome por haber sido todo lo que fui, por haber dejado que abusaran de mí, no solo en cuestión amores sino también en cuestión trabajo, pero creo que al final me doy cuenta de que todo eso fue para fortalecerme, para enseñarme a no dejarme. En el trabajo el año terminó mucho mejor, y creo que en ese sentido, en ese nivel aprendí más rápido. En cuestiones de amores no aprendo tan rápido, recién, hace un par de semanas, volví a recaer, una historia de la que no vale la pena hablar, pero al final me doy cuenta de que no importa, de pronto las lecciones no se aprenden tan rápido pero se aprende con el tiempo a ser más fuerte, y creo que lo lograré, poco a poco, un día a la vez, pero lo lograré.
Este ha sido un año en el que me he sentido sola, muy sola muchas veces, casi todas mis amigas solteras han encontrado un amor este año y me alegro mucho, muchísimo, pero es inevitable que novio mate a amiga y me he ido sintiendo sola.
También me da pena haber perdido a algunos amigos, no por peleas sino porque la vida es así, la gente se va, se separa, cambia y no hay nada que una pueda hacer, pero también están esas amistades que se fortalecen, que viven, que continúan. De hecho creo que el mejor regalo como siempre son mis amigos, los que quedan, los que me ayudan a seguir, con sus palabras, con su compañía, con su risa, o solamente con su estar y con su dejarme estar.
2011 fue duro, pero ya terminó. Terminó con un angelito más en el cielo, con mi abue preciosa que estoy segura de que ahora mismo está rezando por mí, cerquita de Dios, están también mis angelitos, ese Dios que me acompaña y que siempre me hace sentir que más adelante hay algo. Últimamente estoy tratando de volver a mí, de retomar esa espiritualidad que había perdido, de volver a acercarme a mi Diosito y encontrar en él y adentro mío también esa esencia que he perdido, que se ha llenado de ceniza.
Para este año, como deseo de cumpleaños quiero salud, trabajo y, sobre todo, un hombre bueno, que me quiera y se deje querer, ya es hora de que llegue y estoy segura de que va a ser así, por el momento voy a tratar de desbrozar el camino, de volverme mucho más luminosa para todo lo que bueno venga a mí, y rebote, por supuesto, a mis amigos maravilosos y a la familia espectacular con la que Diosito me ha bendecido.
Y eso, bienvenidos 34, ya son full años.
lunes
Cromo repetido no llena el álbum
Gran parte del año que pasó me la pasé autoflagelándome, echándome a la cara lo boba, lo antiprevisiva, lo permisiva, etc. que he sido en mi vida, sobre todo a raíz de mi última experiencia amorosa. Gran parte de este año que pasó, igual, me la pasé reflexionando sobre lo que quiero en mi vida y lo que no. He descubierto patrones de mis relaciones que no quiero repetir. Y no solo en relación con lo amoroso, también con lo profesional. Pero, bueno, el objeto de esta entrada es hablar de los patrones amorosos que no quiero repetir. No quiero hombres a los que les valga mierda, que quieran conquistar mi cuerpo pero les valga un huevo mi corazón, que no hagan un esfuerzo por estar conmigo, que sean egoístas, que sean tacaños, que no se den un momento para pensar en mí, que solo vean su lado de la moneda (o de la cama o de la relación), no quiero repetir historias que ya he vivido. No quiero hombres que no me traten con respeto, o con cariño, o con igualdad. No quiero seguir repitiendo los patrones que he repetido, quiero encontrar al hombre bueno que luche por merecerme y que me haga sentir que vale la pena luchar por él. Este año que pasó, que ha sido difícil, fuerte, me ha dejado enseñanzas importantes y una de ellas es que mi lugar en el mundo es importante, que Olivia es una mujer excepcional que se merece a un hombre excepcional y un amor excepcional. Gran parte de este año pasé autoflagelàndome y mirando lo peor de mí, pero eso mismo me ha llevado a darme cuenta de que esta Olivia es muy distinta a la de antes y que no puede repetir los mismos patrones, quiero llenar el álbum y ganarme el premio, si sigo coleccionando cromos iguales no voy a lograr nada. He dicho.
viernes
Inhalar, exhalar y contar hasta cien
Falta un día para que este año tan malo se termine. Estoy aquí con una copita de vino y oyendo una selección de mis canciones favoritas. Y pensando en todas las cosas que tengo que hacer y en todo lo que tengo que dejar, en lo que tengo que dejar que se vaya, en lo que tengo que dejar que pase, en lo que tengo que dejar que fluya, en lo que tengo que dejar que sea... en fin, en todo lo que esta Olivia, patológicamente impaciente debe dejar para poder ser. Últimamente estoy tratando de respirar hondo y contar hasta cien, una vez tras otra. Me cuesta tomarme las cosas con calma, me cuesta muchísimo aceptar que hay mil cosas que no puedo manejar, que no todo depende de mí y de mi buena fe, me cuesta mucho, y esa es la gran lección que me deja este año de mierda: que debo aprender a esperar, que debo respirar y contar hasta cien cada vez que la ansiedad quiera hacer de las suyas, que todo llega a su momento, que los tiempos de Dios son tiempos perfectos y que todo se irá dando y seguirá su cauce. Pero me cuesta aprender esta gran lección, me cuesta no plantarme a gritos frente al altar de la paciencia y mandar todo a la mierda. Y eso que en estos últimos tiempos, en estas últimas semanas de este año las cosas van teniendo configuraciones nuevas, voy sintiendo que la cosecha se acerca y tengo fe, mucha fe. Pero me sigue costando ser paciente, pese a los augurios y a las promesas y al solcito que se asoma después de tanto tiempo por las hendijas de las ventanas. En fin, empiezo este año con esperanza pero como mantra debo respirar respirar respirar y contar hasta cien cada vez que la ansiedad quiera aguarme los planes.
miércoles
Otro ángel en el cielo
Este finde que pasó fue un finde triste, se fue mi abuelita, falleció el sábado de madrugada y no pudimos llegar a tiempo, cuando llegamos ya había muerto. Y fue muy triste. Sin embargo, la certeza del recuerdo y del ejemplo que nos dejó lo que me hace recordarla con alegría. Murió a los 95 años, en febrero la festejamos con un farrón, toda la familia. Solo la familia que se congregaba a su alrededor ya era suficiente para armar fiesta en cualquier parte, tuvo siete hijos, 21 nietos, otro tanto de bisnietos y cinco tataranietos, una descendencia muy grande, de la que siempre fue el centro. Recuerdo que cuando cumplió los 95 ya se puso a pensar en cómo iba a ser su fiesta de los 100. Ella siempre era así, siempre estaba mirando hacia adelante.
Estos días, en los que he pensado mucho en cómo era ella, he llegado a la conclusión de que nunca la oí quejarse, ni hablar mal de nadie, nunca la vi enojada, siempre tuvo la sabiduría de respetar las decisiones de todos nosotros y apoyarnos sin imponer su opinión. Siempre fue ecuánime y muy muy sabia, además de unida a Dios, quizá por eso Él le permitió la gracia de vivir tantos años, con su salud de hierro, rodeada de todos nosotros, y morir también en paz, sin dolor, amada, Estuvo lúcida hasta el último momento, tanto que hasta tuvo tiempo de disponer que la cremaran porque quería que el espacio del nicho en el que ahora descansa alcanzara para todos los que quisieran descansar ahí. La semana antes de morir jugó cartas con todas sus hijas y sus hermanas, comió cuy, recibió llamadas, hizo planes... En fin, su vida fue tan buena que su recuerdo y su ejemplo superan con creces la tristeza que ahora sentimos por su partida.
Es raro pensar que ya no está, que nunca más vamos a verla cuando vayamos a Cuenca, que nunca más recibiremos su llamada por nuestro cumple o nuestro santo, que no me hará nunca más el delicioso motepata con el qeu me mimaba cuando iba a verla, que no nos llegará la funda de caramelos (cada vez más exigua porque cada vez era más grande la familia) con la que nos alegraba las Navidades, que nunca más la escucharé cantar, en fin, es raro y triste saber qeu se fue y que de ella, de su presencia física, queda una cajita con cenizas.
Sin embargo, el recuerdo y el legado que nos deja es enorme, nos deja el cariño con el que siempre nos trató, nos deja su ejemplo de fuerza, de valentía, de sencillez, de discreción, nos queda su familia, esa familia enorme que siempre supo mantener unida, nos quedan muchas muchas cosas, y sobre todo la certeza de que ahora, ya sin intermediarios, ella estará al ladito de Diosito rogándle por cada una de nuestras vidas, como lo hizo todo el tiempo cuando estaba entre nosotros, ella tenía un misal en el que guardaba todas las fotos de su descendencia, y todos los días besaba las fotos de todos nosotros y oraba por cada uno. Por eso yo sé que ahora está con Diosito, mirándonos de cerca, viéndonos vivir. Es un ángel que ahora está ahí cuidando de nosotros. Por eso, a pesar de la tristeza, esta pérdida física tiene su algo de alegría, porque ahora sé que estará siempre ahí, presente y feliz. Que Diosito la cuide y que a nosotros nos dé la fuerza suficiente para seguir su ejemplo y tener una vida tan buena como fue la suya.
Estos días, en los que he pensado mucho en cómo era ella, he llegado a la conclusión de que nunca la oí quejarse, ni hablar mal de nadie, nunca la vi enojada, siempre tuvo la sabiduría de respetar las decisiones de todos nosotros y apoyarnos sin imponer su opinión. Siempre fue ecuánime y muy muy sabia, además de unida a Dios, quizá por eso Él le permitió la gracia de vivir tantos años, con su salud de hierro, rodeada de todos nosotros, y morir también en paz, sin dolor, amada, Estuvo lúcida hasta el último momento, tanto que hasta tuvo tiempo de disponer que la cremaran porque quería que el espacio del nicho en el que ahora descansa alcanzara para todos los que quisieran descansar ahí. La semana antes de morir jugó cartas con todas sus hijas y sus hermanas, comió cuy, recibió llamadas, hizo planes... En fin, su vida fue tan buena que su recuerdo y su ejemplo superan con creces la tristeza que ahora sentimos por su partida.
Es raro pensar que ya no está, que nunca más vamos a verla cuando vayamos a Cuenca, que nunca más recibiremos su llamada por nuestro cumple o nuestro santo, que no me hará nunca más el delicioso motepata con el qeu me mimaba cuando iba a verla, que no nos llegará la funda de caramelos (cada vez más exigua porque cada vez era más grande la familia) con la que nos alegraba las Navidades, que nunca más la escucharé cantar, en fin, es raro y triste saber qeu se fue y que de ella, de su presencia física, queda una cajita con cenizas.
Sin embargo, el recuerdo y el legado que nos deja es enorme, nos deja el cariño con el que siempre nos trató, nos deja su ejemplo de fuerza, de valentía, de sencillez, de discreción, nos queda su familia, esa familia enorme que siempre supo mantener unida, nos quedan muchas muchas cosas, y sobre todo la certeza de que ahora, ya sin intermediarios, ella estará al ladito de Diosito rogándle por cada una de nuestras vidas, como lo hizo todo el tiempo cuando estaba entre nosotros, ella tenía un misal en el que guardaba todas las fotos de su descendencia, y todos los días besaba las fotos de todos nosotros y oraba por cada uno. Por eso yo sé que ahora está con Diosito, mirándonos de cerca, viéndonos vivir. Es un ángel que ahora está ahí cuidando de nosotros. Por eso, a pesar de la tristeza, esta pérdida física tiene su algo de alegría, porque ahora sé que estará siempre ahí, presente y feliz. Que Diosito la cuide y que a nosotros nos dé la fuerza suficiente para seguir su ejemplo y tener una vida tan buena como fue la suya.
martes
¿Loser?
Resulta que siempre he pensado que nací en el lugar equivocado, y cada vez lo confirmo :-) Resulta que mi hermana (que es menor que yo) se acaba de comprar un departamento, bueno, antes ya se había comprado un carro y tiene un superempleo en el que viaja muchísimo. En fin, para el mundo ella es una champion. Y lo es, cada uno es un triunfador a su manera. En realidad yo siempre he admirado lo metódica que es, lo ordenada, lo ahorradora. Y siempre todo el mundo ha admirado lo mismo. Por eso es una champion.
Resulta que yo soy todo lo contrario, soy una champion también, pero de los carpe diem de la gloriosa generación del 78. Ya he dicho varias veces que nunca sé llegar a fin de mes, además, seguramente me ahorraría un montón de amarguras si fuera ordenada, menos dispersa y tratara de ahorrar para mañana. Pero aun así soy una champion porque he hecho con mi vida lo que he querido, he logrado mantenerme sola por muchos años, he tenido triunfos en mi carrera, aunque no tenga el supertrabajo (que no quiero tener), he viajado, he conocido, he amado, me he dado de narices contra el piso, me he vuelto a levantar. Nunca le he tenido miedo a un reto.
Pero resulta que para la mentalidad absurda de los fans de las zonas de confort soy en muchos aspectos una loser, precisamente por esta vida tan carpe diem que me encanta, porque no sé llegar a fin de mes, porque nunca guardo para mañana, porque no me guardo para mañana, porque no me compro un departamento ni me consigo un trabajo maravilloso y estable. Y, últimamente, que ando sensible estas comparaciones me afectan un poco, aunque yo sé que no debería ser así. Solo que me molesta que mis papás y toda la familia se sientan orgullosos de mi hermana (o sea, yo sé que ella tiene mil motivos para que todos nos sintamos orgullosos, yo la amo y la admiro), y me miren a mí como la que está desperdiciando su vida porque se sale de la zona de confort cada vez que puede.
En fin, yo no sé si algún día lo entiendan o se lleguen a sentir orgullosos de mí, seguramente cuando yo dé un paso más fuera de mi zona de confort, sintiéndome orgullosa de mí, mi hermana dará dos dentro de su zona, que es la ideal de todo el mundo. Seguramente ella se case con el novio maravilloso que tiene y todo siga siendo felicidad y confort, mientras yo, si algún día logro reunir plata para comprarme un depar, seguramente me la gastaré en un año sabático lejos de aquí. Carpe Diem.
Resulta que yo soy todo lo contrario, soy una champion también, pero de los carpe diem de la gloriosa generación del 78. Ya he dicho varias veces que nunca sé llegar a fin de mes, además, seguramente me ahorraría un montón de amarguras si fuera ordenada, menos dispersa y tratara de ahorrar para mañana. Pero aun así soy una champion porque he hecho con mi vida lo que he querido, he logrado mantenerme sola por muchos años, he tenido triunfos en mi carrera, aunque no tenga el supertrabajo (que no quiero tener), he viajado, he conocido, he amado, me he dado de narices contra el piso, me he vuelto a levantar. Nunca le he tenido miedo a un reto.
Pero resulta que para la mentalidad absurda de los fans de las zonas de confort soy en muchos aspectos una loser, precisamente por esta vida tan carpe diem que me encanta, porque no sé llegar a fin de mes, porque nunca guardo para mañana, porque no me guardo para mañana, porque no me compro un departamento ni me consigo un trabajo maravilloso y estable. Y, últimamente, que ando sensible estas comparaciones me afectan un poco, aunque yo sé que no debería ser así. Solo que me molesta que mis papás y toda la familia se sientan orgullosos de mi hermana (o sea, yo sé que ella tiene mil motivos para que todos nos sintamos orgullosos, yo la amo y la admiro), y me miren a mí como la que está desperdiciando su vida porque se sale de la zona de confort cada vez que puede.
En fin, yo no sé si algún día lo entiendan o se lleguen a sentir orgullosos de mí, seguramente cuando yo dé un paso más fuera de mi zona de confort, sintiéndome orgullosa de mí, mi hermana dará dos dentro de su zona, que es la ideal de todo el mundo. Seguramente ella se case con el novio maravilloso que tiene y todo siga siendo felicidad y confort, mientras yo, si algún día logro reunir plata para comprarme un depar, seguramente me la gastaré en un año sabático lejos de aquí. Carpe Diem.
viernes
...
Hoy me dio ganas de escribir pero no tengo mucho que decir. Todo es aburridamente normal, trabajo todo el tiempo, y eso, trabajo todo el tiempo, no pasa nada más. Sí, la verdad no hay mucho que decir. Lo bueno es que tengo tres trabajos y cambio de aire de vez en cuando, pero no estoy haciendo más que trabajar y eso me alegra y me entristece un poco. Igual, si no hubiera que trabajar, tampoco habría mucho que hacer. Parece que me he vuelto una especie de amiga con buena espalda, todas mis amigas cercanas tienen pareja, y, como novio mata a amiga, ya no tengo planes, excepto trabajar, por supuesto. No quisiera que este post fuera una amarga queja de lo sola que me siento, no, solo es una forma de contar cómo me siento y empezar a ver si entiendo algo. Esta etapa de mi vida tiene cosas buenas, el trabajo es y no lo es, pero que más es que no es, en fin. Estoy tratando de tomar decisiones drásticas, ya lo hice cerrando mi Facebook, ya decidí hacer dieta y estoy cumpliendo, no quiero volver al bar al que siempre voy, y quiero largarme. De hecho, creo que eso es lo único que quiero, largarme, no estar aquí nunca más, buscar un sentido en alguna otra parte, el problema es que para irme a donde sea primero necesito saber quién soy y a quién me llevo de viaje. En fin, no me gusta sentirme así, y estoy segura de que esto pasará, pero no sé cuándo y eso, solo eso, ahora voy a seguir trabajando.
domingo
La maldita montaña rusa
Sí, todo esto de crecer y vivir es como subirse en una montaña rusa y dar ochenta mil vueltas, y gritar y marearte y no querer más, pero a la vez sentir que esa maldita adrenalina es la que te mantiene viva de alguna manera. Hace poco me sentía como escribiendo en cuadernito nuevo, y no he dejado de sentirme así en algunos aspectos, me siento bien porque siento que de alguna manera mi vida profesional va tomando algún rumbo, pero otros ratos siento que debería conseguirme un trabajo con un sueldo fijo, y luego me acuerdo de lo tanto que odio las oficinas y vuelvo a amar mi libertad. Tengo ochenta mil planes, como siempre, y demasiado poca concentración. Quisiera a ratos poder ser como esas personas enfocadas y triunfadoras que van hacia su objetivo y no miran a los lados, yo solo soy una champion que siempre está mirando a los lados y al objetivo y a los lados y al objetivo, y resulta que a veces ya no cacho qué es lo que está al lado y cuál es el objetivo. Y me escucho a mí misma diciéndome que no importa, que ahora sí quiero un amor civilizado, estar con alguien que me quiera y que valga la pena y que si es necesario esperar, espero; y me vuelvo a escuchar, en otra frecuencia, diciéndome que no, que quiero que llegue alguien ya, ahorita, que me apesta esta soledad que tanto amo. Y vienen las vueltas, las subidas, las bajadas, las rectas y luego las bajadas y luego estoy de lado, y veo que el carrito se mueve y alzo las manos y grito y luego pago otra vuelta y luego ya no quiero más. Quisiera ser una mujer enfocada, tener el corazón planito y racional, saber poner todos los puntos sobre las íes, y comerme el mundo, pero solo soy la Olivia, y en días como estos, que se están repitiendo mucho últimamente, solo quiero sentarme a llorar y dejar que el mundo pase con todo y su maldita montaña rusa, cerrar los ojos y alzar los brazos y gritar durísimo, durísimo.
sábado
Uno de esos días
Resulta que hoy es uno de esos días en los que me pregunto dónde puedo conseguir de esos perfumes con feromonas para ver si alguien se me acerca aunque sea para invitarme a un chicle. Hace casi un año que terminé con mi ex y desde ahí no he tenido una sola cita, nadie que me llame, que me invite, una ilusión nada. En general me encuentro bien sin pareja, no es que muera por tener un novio, pero sí me estresa un poco el hecho de nunca hacerme levantes de ningún tipo en ninguna parte. Lo de que soy fea está descartado, igual lo de que soy tonta. Pero no dejo de preguntarme qué soy para que nadie quiera ni siquiera salir conmigo. Veo a mis amigas salir con chicos, conocer gente; cada vez es más frecuente que mis amigas que eran solteras como yo se casen o tengan un novio tras otro, y es como que siento que me voy quedando. Y a eso sumémosle que ya tengo 33 :-(. En fin, hoy estoy chancecito morelia. La cosa es que yo sé que va a llegar alguien, tengo la total certeza, no sé cuándo ni cómo ni por dónde, pero mientras tanto quisiera tener uno que otro levante que me suba los ánimos y la autoestima de vez en cuando. Eso...
domingo
Como en cuaderno nuevo
En la entrada anterior ya dije que este ha sido un tiempo de aprender lecciones. Sigo con eso. Fueron unos meses malos, tristes, estancados, deprimentes, muy muy feos. Pero al final lo estoy superando. También había escrito que una de las cosas que más me ha costado de mi última relación fue perdonarme por haber soportado un maltrato absurdo e innecesario, creo que voy en camino de perdonarme. Hace un par de semanas este tipo al fin me pagó lo que me debía, por fin terminó de hacerlo, y, aunque sé que solo es plata, al fin pude sentir que se cerraba el círculo y sentirme mejor, sentir que hasta ahí llegó el maltrato y que ahora sí puede irse de mi vida para siempre, y espero que sea así.
Por otro lado, hoy L me preguntó cuánto me llevó olvidarme de PJ. Yo no creo que lo olvide nunca, pero a raíz de esto que me ha pasado estos meses me he dado cuenta de que si bien no lo voy a olvidar nunca, que aunque me haya robado a Sabina y a toda mi banda sonora para siempre, me siento por fin capaz de dejarlo ir, de hacer que sea un gran recuerdo, pero solo eso, ya no una esperanza ni un talvez. Ya se puede ir, puede salir al fin de mi corazón y dejar ese espacio para alguien más real y que encaje en mi rompecabezas.
En fin, creo que por fin me siento bien y libre y en paz, por fin siento que puedo soltar los lazos y dejar ir, dejar ir lo malo que tuve y darle a lo bueno que he tenido el lugar merecido e intocable en mi baúl de recuerdos, pero ya no en mi vida ni en mis planes ni en mis sueños.
Eso, me siento como si tuviera un cuaderno nuevo, lista para escribir nuevas cosas, para mirar hacia mí y hacia adelante en este camino.
Por otro lado, hoy L me preguntó cuánto me llevó olvidarme de PJ. Yo no creo que lo olvide nunca, pero a raíz de esto que me ha pasado estos meses me he dado cuenta de que si bien no lo voy a olvidar nunca, que aunque me haya robado a Sabina y a toda mi banda sonora para siempre, me siento por fin capaz de dejarlo ir, de hacer que sea un gran recuerdo, pero solo eso, ya no una esperanza ni un talvez. Ya se puede ir, puede salir al fin de mi corazón y dejar ese espacio para alguien más real y que encaje en mi rompecabezas.
En fin, creo que por fin me siento bien y libre y en paz, por fin siento que puedo soltar los lazos y dejar ir, dejar ir lo malo que tuve y darle a lo bueno que he tenido el lugar merecido e intocable en mi baúl de recuerdos, pero ya no en mi vida ni en mis planes ni en mis sueños.
Eso, me siento como si tuviera un cuaderno nuevo, lista para escribir nuevas cosas, para mirar hacia mí y hacia adelante en este camino.
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