Al final nuevamente me salvó mi buena estrella, mi angelito de la guarda que hace horas extras, Diosito que nunca me abandona, en fin.
Cuando pasan estas cosas siempre me pregunto si no estaré desperdiciando mi vida, o sea, es como que recibo y recibo regalos y nunca sé si estoy a la altura de tanta generosidad y de tanto cariño y de tanta suerte. Yo creo que esto va más allá de la suerte y que tarde o temprano me tocará rendir cuentas de lo que he hecho con tanto bono extra que recibo.
Bueno, solo agradeceré y trataré. como siempre trato, de estar a la altura de las circunstancias y de hacer bien todo lo que hago, supongo que esa es una manera de pagar y de retribuir. Eso...
Un cuaderno de viaje. He tomado mi sombrero y he decidido nunca más quedarme quieta.
miércoles
lunes
Procedimientos
Hoy me acabo de meter en un lío en el trabajo por no seguir los procedimientos correctos mmm. Yo siempre he pensado que a veces los medios no son tan importantes para llegar a los fines, siempre y cuando, eso sí, los medios no hagan mal a terceros. El problema es que siempre termina habiendo terceros que tienen que sufrir las consecuencias de tu uso de los medios.
Bueno, espero que este asunto no vaya a mayores, pero acabo de sacar una lección importante en todo caso: no debo confiar tanto en mi buena estrella, hay cosas que sí necesitan de reglas y de pasos para poder realizarse. Ay, ojalá las cosas no pasen a mayores.
Bueno, espero que este asunto no vaya a mayores, pero acabo de sacar una lección importante en todo caso: no debo confiar tanto en mi buena estrella, hay cosas que sí necesitan de reglas y de pasos para poder realizarse. Ay, ojalá las cosas no pasen a mayores.
Quito
Hoy, para volver con buena cara, es día de doble post.
No sé si alguna vez lo dije pero cada vez que conozco una nueva ciudad me convenzo de que es Quito la ciudad donde quiero vivir y terminar mis días. Es más, me veo viviendo en un departamento de La Mariscal, rodeada de la ciudad y del movimiento. Adoro mi barrio, he vivido toda mi vida en él (solo me fui un poquito más al norte un año y estuve medio año en Madrid, pero volví), todo queda cerca, tiene muy buena comunicación con el resto de la ciudad, puedes comer lo que quieras, puedes ir a donde quieras, puedes comprar lo que quieras, te queda cerca de los sitios de diversión, de la famosa 'zona', de los sitios de reunión, en fin, de todo, hasta queda cerca de la U. En fin, La Mariscal es mi barrio y Quito es mi ciudad.
Pero de un tiempo acá Quito se ha convertido en una mierda. Y lo digo con toda la pena y con toda la bronca y con todo el desaliento de ver morirse a tu ciudad. Yo amo a Quito, mi sitio está aquí, pero de pronto es una mierda caminar en paz, todo está muy violento, antes oías de robos y de asaltos porque le había pasado al primo borracho del hermano de tu novio. Ahora te asaltan a ti y te escapas de que te asalten mil veces más. Es horrible, porque esta ciudad maravillosa ahora se ha vuelto tan arisca, ya no puedes salir en paz después de las seis, tienes que estar mirando a todas partes para ver si no te siguen, tienes que estar desconfiando y cuidándote.
Y, lo que es peor, todo es mucho más violento que antes. Para quitarte el celular te pegan y puedes morir si te resistes, es horrible.
Pero amo a Quito, y aunque a veces me planteo seriamente la opción de huir e irme lejos, adonde la vida sea más segura, me sigo quedando y me quedaré... Ojalá algún día las cosas mejoren y se pueda volver a caminar en paz, sin miedos, mirando toda la maravilla que te rodea.
viernes
La relación que no lo es
Hace algún tiempo, dejé irse a un oasis. ¿Lo recuerdan? No, no me estoy arrepintiendo para nada. Pero de vez en cuando me viene a la mente esa historia porque recuerdo qué fue lo que hizo que quisiera alejarme: yo quería que las cosas tuvieran nombre y por esa manía cerré las puertas y todo se acabó. Bueno, bueno, no todo fue por mi manía, también fue porque tenía que acabarse y porque yo ya había esperado demasiado, en fin.
Resulta que lo que tengo con PJ tampoco tiene un nombre y supongo que nunca lo tendrá. Y el tiempo va pasando y nos vamos quedando y al final todo es tan genial que no importa si tiene o no un nombre. Es extraño, porque en otros tiempos yo hubiera sido la primera en preguntar qué somos y en empeñarme en nombrar las cosas y decir hasta aquí si esto no tiene nombre. Pero ahora todo está bien.
A veces, cuando me encuentro con aquel oasis en el messenger pienso que quizá las cosas hubieran sido más felices si supiera lo que sé ahora, pero no me arrepiento de cómo fueron, igual tenía que pagar un precio para aprender la lección. Solo espero que él esté bien y encuentre a alguien como yo lo encontré.
Hay días en que pienso en esta historia con PJ, que no tiene un camino trazado, que no se llama nada, y pienso en parar y seguir mi camino. Pero hay otros días, la mayoría, en que pienso en él y lo miro dormir a mi lado, hacer el café, traer las golosinas que me gustan, hasta estar por todo lado con esa manía de poner todo en orden y decir la última palabra, y agradezco de todo corazón por el ascensor que hizo que nos juntáramos y por las mil razones que hacen que todos los días podamos compartir un pedacito de vida. Y si se acaba mañana, Diosito no quiera, estoy segura de que aproveché cada uno de los instantes.
Eso, qué bueno que una pueda de vez en cuando aprender lecciones.
Resulta que lo que tengo con PJ tampoco tiene un nombre y supongo que nunca lo tendrá. Y el tiempo va pasando y nos vamos quedando y al final todo es tan genial que no importa si tiene o no un nombre. Es extraño, porque en otros tiempos yo hubiera sido la primera en preguntar qué somos y en empeñarme en nombrar las cosas y decir hasta aquí si esto no tiene nombre. Pero ahora todo está bien.
A veces, cuando me encuentro con aquel oasis en el messenger pienso que quizá las cosas hubieran sido más felices si supiera lo que sé ahora, pero no me arrepiento de cómo fueron, igual tenía que pagar un precio para aprender la lección. Solo espero que él esté bien y encuentre a alguien como yo lo encontré.
Hay días en que pienso en esta historia con PJ, que no tiene un camino trazado, que no se llama nada, y pienso en parar y seguir mi camino. Pero hay otros días, la mayoría, en que pienso en él y lo miro dormir a mi lado, hacer el café, traer las golosinas que me gustan, hasta estar por todo lado con esa manía de poner todo en orden y decir la última palabra, y agradezco de todo corazón por el ascensor que hizo que nos juntáramos y por las mil razones que hacen que todos los días podamos compartir un pedacito de vida. Y si se acaba mañana, Diosito no quiera, estoy segura de que aproveché cada uno de los instantes.
Eso, qué bueno que una pueda de vez en cuando aprender lecciones.
lunes
Los caminos largos
No sé si alguna vez mencioné aquí que siempre me sucede que todo lo que quiero sale, que he logrado en la vida todas las cosas que me he propuesto. Sin duda me siento orgullosa, muy feliz por eso, solo que a veces quisiera que los caminos para llegar a las metas no fueran tan largos.
Yo sé que las cosas que se hacen con esfuerzo se aprecian más, que lo que no te sale ragalado es lo que más valoras, lo que más cuidas y de lo que más te enorgulleces. Sé también que todo demora pero llega y llega en el momento preciso, cuando tú estás mejor preparada para recibir el regalo y apreciarlo. Pero tantas veces siento que hay muchos atajos para lograr las cosas y que yo siempre me encuentro solo con las bocacalles de los caminos largos.
Hay ese típico dicho que ponen en los guardachoques de los buses y de los camiones que dice 'trabaja y no envidies', pero a ratos, como buena humana que soy, sí me pasa que envidio a la gente que logra las cosas de manera relativamente fácil, a la que no le hace falta hacer mucho esfuerzo para alcanzar cosas por las que yo he luchado y he trabajado durante mucho tiempo y a conciencia.
Porque no es que me haya dedicado a envidiar y no a trabajar. He trabajado, trabajo, duro, me esfuerzo muchísimo por crecer, por capacitarme, pero a veces siento que la recompensa no está de acuerdo con el esfuerzo que hago. Sé que hay que trabajar sin esperar que te admiren por eso sino por una satisfacción interna que te hace cada vez llegar más lejos. Yo llego siempre cada vez más lejos, cada vez las metas son más altas, pero quisiera de verdad alguna vez en la vida encontrar un atajo que me lleve rápido a ciertos triunfos que sé que me merezco.
En fin, luego de soltar la moreliada, pues me pongo a trabajar nuevamente, el camino es largo, como siempre.
Yo sé que las cosas que se hacen con esfuerzo se aprecian más, que lo que no te sale ragalado es lo que más valoras, lo que más cuidas y de lo que más te enorgulleces. Sé también que todo demora pero llega y llega en el momento preciso, cuando tú estás mejor preparada para recibir el regalo y apreciarlo. Pero tantas veces siento que hay muchos atajos para lograr las cosas y que yo siempre me encuentro solo con las bocacalles de los caminos largos.
Hay ese típico dicho que ponen en los guardachoques de los buses y de los camiones que dice 'trabaja y no envidies', pero a ratos, como buena humana que soy, sí me pasa que envidio a la gente que logra las cosas de manera relativamente fácil, a la que no le hace falta hacer mucho esfuerzo para alcanzar cosas por las que yo he luchado y he trabajado durante mucho tiempo y a conciencia.
Porque no es que me haya dedicado a envidiar y no a trabajar. He trabajado, trabajo, duro, me esfuerzo muchísimo por crecer, por capacitarme, pero a veces siento que la recompensa no está de acuerdo con el esfuerzo que hago. Sé que hay que trabajar sin esperar que te admiren por eso sino por una satisfacción interna que te hace cada vez llegar más lejos. Yo llego siempre cada vez más lejos, cada vez las metas son más altas, pero quisiera de verdad alguna vez en la vida encontrar un atajo que me lleve rápido a ciertos triunfos que sé que me merezco.
En fin, luego de soltar la moreliada, pues me pongo a trabajar nuevamente, el camino es largo, como siempre.
miércoles
Un año con Olivia
Sucede que todo empezó hace un año, el 9 de abril de 2007 y hasta hoy han pasado muchas cosas y el este blog ha sido un chévere compañero de viaje. Siempre es bueno escribir, plasmar lo que vas sintiendo, las cosas que te pasan, en fin. Este año ha sido muy divertido, lleno de descubrimientos y de cosas gratas más que ingratas. Ha sido también la oportunidad para conocer a mucha gente que. con sus blogs y comentarios, ha hecho aún más grato el camino. Eso, gracias a todos los que se han acercado, a los que me han leído, a los que han comentado y ojalá podamos hacer juntos muchos más tramos del viaje. Salud.
viernes
Paranoia
A veces, bueno, casi siempre me decanto por juzgar las situaciones con el metro de las experiencias pasadas. Por ejemplo, desde que me asaltaron, hace ya varios meses, me resulta muy difícil caminar por mi barrio pasadas las seis y media o siete. Siempre camino mirando a todas partes, atenta a cualquier persona que se me medio acerque y cambiándome de acera cada vez que miro a alguien sospechoso. Bueno, claro que por andar así he evitado que me asalten un par de veces más, lo que aumenta la paranoia. Es feo estar así porque ya no te sientes segura en ninguna parte.
El martes, por ejemplo, estaba caminando como a las diez de la mañana por una zona supertransitada y sentí que alguien caminaba muy cerca de mí. Yo empecé a ponerme a la defensiva y a buscar el gas en mi cartera, cuando este señor me dice 'señora', la cosa es que me asusté y casi salgo corriendo. Y solo era un cubano que necesitaba llegar a las oficinas de inmigración. O sea... la situación es patética.
En cuestión de relaciones me pasa algo parecido: tiendo a medir con la misma vara a todos los hombres que pasan por mi vida, me come la paranoia y malinterpreto cualquier descuido. En fin, también es como lo de los ladrones porque pienso que en cada cosa hay una trampa, cuando no es así, gracias a Dios.
Bueno, eso no más.
El martes, por ejemplo, estaba caminando como a las diez de la mañana por una zona supertransitada y sentí que alguien caminaba muy cerca de mí. Yo empecé a ponerme a la defensiva y a buscar el gas en mi cartera, cuando este señor me dice 'señora', la cosa es que me asusté y casi salgo corriendo. Y solo era un cubano que necesitaba llegar a las oficinas de inmigración. O sea... la situación es patética.
En cuestión de relaciones me pasa algo parecido: tiendo a medir con la misma vara a todos los hombres que pasan por mi vida, me come la paranoia y malinterpreto cualquier descuido. En fin, también es como lo de los ladrones porque pienso que en cada cosa hay una trampa, cuando no es así, gracias a Dios.
Bueno, eso no más.
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