viernes
Mira tú
Pues que no me había percatado de que el 9 de abril Ante todo el glamour cumplió cinco años, eso es mucho, mucho tiempo. Otra razón para celebrar el vaso medio lleno.
Consolación
Hace tiempos que no escribo, pasa con frecuencia. Es como si las palabras fueran un poco reacias a venir a mí, y eso que son mi mundo, mi trabajo, mi relax, todo. Han pasado más de cuatro meses desde que escribí el último post. No ha pasado mucho, en realidad. En el campo donde hay novedades, como siempre, es en el profesional. Estoy contenta con todo lo que pasa, están saliendo trámites que parecían estancados, uno de los legados que voy a dejarle a la vida está casi listo, terminé de escribir mi primer diccionario, a partir del domingo sale mi columna semanal en una revista cultural, en fin, todo sale bien y estoy contenta. Es, como siempre, el premio al trabajo duro, a las metas claras, al enfoque.
En el resto, todo bien, muchas gracias :-) Estos tiempos han sido buenos también para crecer por dentro, para interiorizar en muchas cosas, para entenderme.
No canto victoria, por supuesto, ni en lo profesional ni en lo personal, porque sé que aún quedan muchas batallas, pero aprender y comprender tantas cosas me ha ayudado mucho a saber que todo es pasajero y que siempre vendrán otros tiempos. La clave es bajarle el drama a la vida y aprovecharla porque es corta y vale la pena sacarle el jugo.
Eso, que vivan los vasos medio llenos.
martes
Olivia 3.4 reloaded
Ya es 11 de enero, y empieza el año nuevamente, acabo de quemar un pequeño monigote que tenía escrito todo lo que quiero quemar para este año, la casa huele a humo pero me siento muy bien.
El año que pasó fue un año definitivamente malo, malísimo, asqueroso, creo que pocas veces en la vida me he sentido tan deprimida como me sentí buena parte de este año que pasó. Pero ya pasó, ya es un nuevo año y espero que este sea mucho mejor, bueno, no solo espero, estoy muy segura de que va a ser así.
¿Evaluación del año? Malo, ya lo dije. Pasé gran parte flagelándome por haber sido todo lo que fui, por haber dejado que abusaran de mí, no solo en cuestión amores sino también en cuestión trabajo, pero creo que al final me doy cuenta de que todo eso fue para fortalecerme, para enseñarme a no dejarme. En el trabajo el año terminó mucho mejor, y creo que en ese sentido, en ese nivel aprendí más rápido. En cuestiones de amores no aprendo tan rápido, recién, hace un par de semanas, volví a recaer, una historia de la que no vale la pena hablar, pero al final me doy cuenta de que no importa, de pronto las lecciones no se aprenden tan rápido pero se aprende con el tiempo a ser más fuerte, y creo que lo lograré, poco a poco, un día a la vez, pero lo lograré.
Este ha sido un año en el que me he sentido sola, muy sola muchas veces, casi todas mis amigas solteras han encontrado un amor este año y me alegro mucho, muchísimo, pero es inevitable que novio mate a amiga y me he ido sintiendo sola.
También me da pena haber perdido a algunos amigos, no por peleas sino porque la vida es así, la gente se va, se separa, cambia y no hay nada que una pueda hacer, pero también están esas amistades que se fortalecen, que viven, que continúan. De hecho creo que el mejor regalo como siempre son mis amigos, los que quedan, los que me ayudan a seguir, con sus palabras, con su compañía, con su risa, o solamente con su estar y con su dejarme estar.
2011 fue duro, pero ya terminó. Terminó con un angelito más en el cielo, con mi abue preciosa que estoy segura de que ahora mismo está rezando por mí, cerquita de Dios, están también mis angelitos, ese Dios que me acompaña y que siempre me hace sentir que más adelante hay algo. Últimamente estoy tratando de volver a mí, de retomar esa espiritualidad que había perdido, de volver a acercarme a mi Diosito y encontrar en él y adentro mío también esa esencia que he perdido, que se ha llenado de ceniza.
Para este año, como deseo de cumpleaños quiero salud, trabajo y, sobre todo, un hombre bueno, que me quiera y se deje querer, ya es hora de que llegue y estoy segura de que va a ser así, por el momento voy a tratar de desbrozar el camino, de volverme mucho más luminosa para todo lo que bueno venga a mí, y rebote, por supuesto, a mis amigos maravilosos y a la familia espectacular con la que Diosito me ha bendecido.
Y eso, bienvenidos 34, ya son full años.
lunes
Cromo repetido no llena el álbum
Gran parte del año que pasó me la pasé autoflagelándome, echándome a la cara lo boba, lo antiprevisiva, lo permisiva, etc. que he sido en mi vida, sobre todo a raíz de mi última experiencia amorosa. Gran parte de este año que pasó, igual, me la pasé reflexionando sobre lo que quiero en mi vida y lo que no. He descubierto patrones de mis relaciones que no quiero repetir. Y no solo en relación con lo amoroso, también con lo profesional. Pero, bueno, el objeto de esta entrada es hablar de los patrones amorosos que no quiero repetir. No quiero hombres a los que les valga mierda, que quieran conquistar mi cuerpo pero les valga un huevo mi corazón, que no hagan un esfuerzo por estar conmigo, que sean egoístas, que sean tacaños, que no se den un momento para pensar en mí, que solo vean su lado de la moneda (o de la cama o de la relación), no quiero repetir historias que ya he vivido. No quiero hombres que no me traten con respeto, o con cariño, o con igualdad. No quiero seguir repitiendo los patrones que he repetido, quiero encontrar al hombre bueno que luche por merecerme y que me haga sentir que vale la pena luchar por él. Este año que pasó, que ha sido difícil, fuerte, me ha dejado enseñanzas importantes y una de ellas es que mi lugar en el mundo es importante, que Olivia es una mujer excepcional que se merece a un hombre excepcional y un amor excepcional. Gran parte de este año pasé autoflagelàndome y mirando lo peor de mí, pero eso mismo me ha llevado a darme cuenta de que esta Olivia es muy distinta a la de antes y que no puede repetir los mismos patrones, quiero llenar el álbum y ganarme el premio, si sigo coleccionando cromos iguales no voy a lograr nada. He dicho.
viernes
Inhalar, exhalar y contar hasta cien
Falta un día para que este año tan malo se termine. Estoy aquí con una copita de vino y oyendo una selección de mis canciones favoritas. Y pensando en todas las cosas que tengo que hacer y en todo lo que tengo que dejar, en lo que tengo que dejar que se vaya, en lo que tengo que dejar que pase, en lo que tengo que dejar que fluya, en lo que tengo que dejar que sea... en fin, en todo lo que esta Olivia, patológicamente impaciente debe dejar para poder ser. Últimamente estoy tratando de respirar hondo y contar hasta cien, una vez tras otra. Me cuesta tomarme las cosas con calma, me cuesta muchísimo aceptar que hay mil cosas que no puedo manejar, que no todo depende de mí y de mi buena fe, me cuesta mucho, y esa es la gran lección que me deja este año de mierda: que debo aprender a esperar, que debo respirar y contar hasta cien cada vez que la ansiedad quiera hacer de las suyas, que todo llega a su momento, que los tiempos de Dios son tiempos perfectos y que todo se irá dando y seguirá su cauce. Pero me cuesta aprender esta gran lección, me cuesta no plantarme a gritos frente al altar de la paciencia y mandar todo a la mierda. Y eso que en estos últimos tiempos, en estas últimas semanas de este año las cosas van teniendo configuraciones nuevas, voy sintiendo que la cosecha se acerca y tengo fe, mucha fe. Pero me sigue costando ser paciente, pese a los augurios y a las promesas y al solcito que se asoma después de tanto tiempo por las hendijas de las ventanas. En fin, empiezo este año con esperanza pero como mantra debo respirar respirar respirar y contar hasta cien cada vez que la ansiedad quiera aguarme los planes.
miércoles
Otro ángel en el cielo
Este finde que pasó fue un finde triste, se fue mi abuelita, falleció el sábado de madrugada y no pudimos llegar a tiempo, cuando llegamos ya había muerto. Y fue muy triste. Sin embargo, la certeza del recuerdo y del ejemplo que nos dejó lo que me hace recordarla con alegría. Murió a los 95 años, en febrero la festejamos con un farrón, toda la familia. Solo la familia que se congregaba a su alrededor ya era suficiente para armar fiesta en cualquier parte, tuvo siete hijos, 21 nietos, otro tanto de bisnietos y cinco tataranietos, una descendencia muy grande, de la que siempre fue el centro. Recuerdo que cuando cumplió los 95 ya se puso a pensar en cómo iba a ser su fiesta de los 100. Ella siempre era así, siempre estaba mirando hacia adelante.
Estos días, en los que he pensado mucho en cómo era ella, he llegado a la conclusión de que nunca la oí quejarse, ni hablar mal de nadie, nunca la vi enojada, siempre tuvo la sabiduría de respetar las decisiones de todos nosotros y apoyarnos sin imponer su opinión. Siempre fue ecuánime y muy muy sabia, además de unida a Dios, quizá por eso Él le permitió la gracia de vivir tantos años, con su salud de hierro, rodeada de todos nosotros, y morir también en paz, sin dolor, amada, Estuvo lúcida hasta el último momento, tanto que hasta tuvo tiempo de disponer que la cremaran porque quería que el espacio del nicho en el que ahora descansa alcanzara para todos los que quisieran descansar ahí. La semana antes de morir jugó cartas con todas sus hijas y sus hermanas, comió cuy, recibió llamadas, hizo planes... En fin, su vida fue tan buena que su recuerdo y su ejemplo superan con creces la tristeza que ahora sentimos por su partida.
Es raro pensar que ya no está, que nunca más vamos a verla cuando vayamos a Cuenca, que nunca más recibiremos su llamada por nuestro cumple o nuestro santo, que no me hará nunca más el delicioso motepata con el qeu me mimaba cuando iba a verla, que no nos llegará la funda de caramelos (cada vez más exigua porque cada vez era más grande la familia) con la que nos alegraba las Navidades, que nunca más la escucharé cantar, en fin, es raro y triste saber qeu se fue y que de ella, de su presencia física, queda una cajita con cenizas.
Sin embargo, el recuerdo y el legado que nos deja es enorme, nos deja el cariño con el que siempre nos trató, nos deja su ejemplo de fuerza, de valentía, de sencillez, de discreción, nos queda su familia, esa familia enorme que siempre supo mantener unida, nos quedan muchas muchas cosas, y sobre todo la certeza de que ahora, ya sin intermediarios, ella estará al ladito de Diosito rogándle por cada una de nuestras vidas, como lo hizo todo el tiempo cuando estaba entre nosotros, ella tenía un misal en el que guardaba todas las fotos de su descendencia, y todos los días besaba las fotos de todos nosotros y oraba por cada uno. Por eso yo sé que ahora está con Diosito, mirándonos de cerca, viéndonos vivir. Es un ángel que ahora está ahí cuidando de nosotros. Por eso, a pesar de la tristeza, esta pérdida física tiene su algo de alegría, porque ahora sé que estará siempre ahí, presente y feliz. Que Diosito la cuide y que a nosotros nos dé la fuerza suficiente para seguir su ejemplo y tener una vida tan buena como fue la suya.
Estos días, en los que he pensado mucho en cómo era ella, he llegado a la conclusión de que nunca la oí quejarse, ni hablar mal de nadie, nunca la vi enojada, siempre tuvo la sabiduría de respetar las decisiones de todos nosotros y apoyarnos sin imponer su opinión. Siempre fue ecuánime y muy muy sabia, además de unida a Dios, quizá por eso Él le permitió la gracia de vivir tantos años, con su salud de hierro, rodeada de todos nosotros, y morir también en paz, sin dolor, amada, Estuvo lúcida hasta el último momento, tanto que hasta tuvo tiempo de disponer que la cremaran porque quería que el espacio del nicho en el que ahora descansa alcanzara para todos los que quisieran descansar ahí. La semana antes de morir jugó cartas con todas sus hijas y sus hermanas, comió cuy, recibió llamadas, hizo planes... En fin, su vida fue tan buena que su recuerdo y su ejemplo superan con creces la tristeza que ahora sentimos por su partida.
Es raro pensar que ya no está, que nunca más vamos a verla cuando vayamos a Cuenca, que nunca más recibiremos su llamada por nuestro cumple o nuestro santo, que no me hará nunca más el delicioso motepata con el qeu me mimaba cuando iba a verla, que no nos llegará la funda de caramelos (cada vez más exigua porque cada vez era más grande la familia) con la que nos alegraba las Navidades, que nunca más la escucharé cantar, en fin, es raro y triste saber qeu se fue y que de ella, de su presencia física, queda una cajita con cenizas.
Sin embargo, el recuerdo y el legado que nos deja es enorme, nos deja el cariño con el que siempre nos trató, nos deja su ejemplo de fuerza, de valentía, de sencillez, de discreción, nos queda su familia, esa familia enorme que siempre supo mantener unida, nos quedan muchas muchas cosas, y sobre todo la certeza de que ahora, ya sin intermediarios, ella estará al ladito de Diosito rogándle por cada una de nuestras vidas, como lo hizo todo el tiempo cuando estaba entre nosotros, ella tenía un misal en el que guardaba todas las fotos de su descendencia, y todos los días besaba las fotos de todos nosotros y oraba por cada uno. Por eso yo sé que ahora está con Diosito, mirándonos de cerca, viéndonos vivir. Es un ángel que ahora está ahí cuidando de nosotros. Por eso, a pesar de la tristeza, esta pérdida física tiene su algo de alegría, porque ahora sé que estará siempre ahí, presente y feliz. Que Diosito la cuide y que a nosotros nos dé la fuerza suficiente para seguir su ejemplo y tener una vida tan buena como fue la suya.
martes
¿Loser?
Resulta que siempre he pensado que nací en el lugar equivocado, y cada vez lo confirmo :-) Resulta que mi hermana (que es menor que yo) se acaba de comprar un departamento, bueno, antes ya se había comprado un carro y tiene un superempleo en el que viaja muchísimo. En fin, para el mundo ella es una champion. Y lo es, cada uno es un triunfador a su manera. En realidad yo siempre he admirado lo metódica que es, lo ordenada, lo ahorradora. Y siempre todo el mundo ha admirado lo mismo. Por eso es una champion.
Resulta que yo soy todo lo contrario, soy una champion también, pero de los carpe diem de la gloriosa generación del 78. Ya he dicho varias veces que nunca sé llegar a fin de mes, además, seguramente me ahorraría un montón de amarguras si fuera ordenada, menos dispersa y tratara de ahorrar para mañana. Pero aun así soy una champion porque he hecho con mi vida lo que he querido, he logrado mantenerme sola por muchos años, he tenido triunfos en mi carrera, aunque no tenga el supertrabajo (que no quiero tener), he viajado, he conocido, he amado, me he dado de narices contra el piso, me he vuelto a levantar. Nunca le he tenido miedo a un reto.
Pero resulta que para la mentalidad absurda de los fans de las zonas de confort soy en muchos aspectos una loser, precisamente por esta vida tan carpe diem que me encanta, porque no sé llegar a fin de mes, porque nunca guardo para mañana, porque no me guardo para mañana, porque no me compro un departamento ni me consigo un trabajo maravilloso y estable. Y, últimamente, que ando sensible estas comparaciones me afectan un poco, aunque yo sé que no debería ser así. Solo que me molesta que mis papás y toda la familia se sientan orgullosos de mi hermana (o sea, yo sé que ella tiene mil motivos para que todos nos sintamos orgullosos, yo la amo y la admiro), y me miren a mí como la que está desperdiciando su vida porque se sale de la zona de confort cada vez que puede.
En fin, yo no sé si algún día lo entiendan o se lleguen a sentir orgullosos de mí, seguramente cuando yo dé un paso más fuera de mi zona de confort, sintiéndome orgullosa de mí, mi hermana dará dos dentro de su zona, que es la ideal de todo el mundo. Seguramente ella se case con el novio maravilloso que tiene y todo siga siendo felicidad y confort, mientras yo, si algún día logro reunir plata para comprarme un depar, seguramente me la gastaré en un año sabático lejos de aquí. Carpe Diem.
Resulta que yo soy todo lo contrario, soy una champion también, pero de los carpe diem de la gloriosa generación del 78. Ya he dicho varias veces que nunca sé llegar a fin de mes, además, seguramente me ahorraría un montón de amarguras si fuera ordenada, menos dispersa y tratara de ahorrar para mañana. Pero aun así soy una champion porque he hecho con mi vida lo que he querido, he logrado mantenerme sola por muchos años, he tenido triunfos en mi carrera, aunque no tenga el supertrabajo (que no quiero tener), he viajado, he conocido, he amado, me he dado de narices contra el piso, me he vuelto a levantar. Nunca le he tenido miedo a un reto.
Pero resulta que para la mentalidad absurda de los fans de las zonas de confort soy en muchos aspectos una loser, precisamente por esta vida tan carpe diem que me encanta, porque no sé llegar a fin de mes, porque nunca guardo para mañana, porque no me guardo para mañana, porque no me compro un departamento ni me consigo un trabajo maravilloso y estable. Y, últimamente, que ando sensible estas comparaciones me afectan un poco, aunque yo sé que no debería ser así. Solo que me molesta que mis papás y toda la familia se sientan orgullosos de mi hermana (o sea, yo sé que ella tiene mil motivos para que todos nos sintamos orgullosos, yo la amo y la admiro), y me miren a mí como la que está desperdiciando su vida porque se sale de la zona de confort cada vez que puede.
En fin, yo no sé si algún día lo entiendan o se lleguen a sentir orgullosos de mí, seguramente cuando yo dé un paso más fuera de mi zona de confort, sintiéndome orgullosa de mí, mi hermana dará dos dentro de su zona, que es la ideal de todo el mundo. Seguramente ella se case con el novio maravilloso que tiene y todo siga siendo felicidad y confort, mientras yo, si algún día logro reunir plata para comprarme un depar, seguramente me la gastaré en un año sabático lejos de aquí. Carpe Diem.
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